En BAJ Valpo está la posibilidad de compartir con escritores locales, que antes solo veías en pasillos

11 diciembre, 2019

En BAJ Valpo está la posibilidad de compartir con escritores locales, que antes solo veías en pasillos

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En BAJ Valpo está la posibilidad de compartir con escritores locales, que antes solo veías en pasillos

En esta breve entrevista podrás conocer más sobre Diego Armijo (1994), Contador, profesor de Historia, Librero de feria y quien ha sido parte de diferentes actividades de formación en Balmaceda Arte Joven Valparaíso.

Fue en nuestra sede que el también escritor viñamarino participó de diferentes instancias vinculadas a la Literatura. Entre ellas, un taller a cargo de la poeta Gladys González, el 2017; y la primera versión del Laboratorio de Escritura Territorial (LET), coordinado por Cristóbal Gaete, durante el 2018.

Hoy, Armijo está a días de lanzar su primer libro, bajo el alero de Ediciones Balmaceda Arte Joven, donde pone a disposición cuatro textos en prosa experimental que recorren varios sectores de su ciudad. La feria Parque Caupolicán, la Población Vergara, 15 Norte y Avenida Valparaíso, son los territorios narrados en “Glorias Navales”.

¿Cómo y desde dónde surge tu acercamiento a la literatura?

– Es, más bien, un alejamiento, sobre todo, desde la rabia. Entrando al liceo -técnico, subvencionado, español, católico, en medio de Reñaca Alto- me interesaba la lectura y la escritura de ficciones. Me probé en las pruebas de lenguaje donde siempre tuve altas notas. Pero. Hubo una actividad en la que debíamos escribir un cuento, la mía, de la que salí sin ganas. La profe me puso un 1, alegaba que el contenido, que ella estipuló sexual -cosa que no era- no se adecuaba. Me alejé entonces. Fue ya casi bordeando la salida de ese liceo, cuando volví a «El llano en llamas», que me descubrí el gusto. Y de ahí a lo demás.

Sabemos que has estado en diferentes espacios de formación en la región, en torno a la Literatura. ¿Cómo ha aportado ello en la construcción e, incluso, influencia escritural?

– Sí, en varios talleres. Quizá ordenar y decir que primero estuve en unas conversaciones en torno a la escritura, que nosotros llamábamos taller, con Marcelo Mellado, al que sólo cachaba de verlo en los pasillos de la UPLA, hasta que no lo vi más. Lo grato ahí era que nada era tan grave ni importante, y me formé en la conversación y el ojo, quizá no tan profundo, del espacio. Además que conocí a Matías Salinas ahí, gran valor. Después con la Gladys, González para decir apellido. Lo más importante con ella era la confianza en que, lo que uno escribía, tenía valor, y de que uno mismo también lo tenía, además de cruzar experiencias de vida con ella que viene de Gran Avenida, y las imágenes tan potentes en sus libros que siempre me inquietaron y ahí pude conversarlas, hasta ahora igual.  En el taller de Carmen Avendaño, siempre era ponerme en duda, un boxeo con mis propias palabras, aún no sé porqué estoy tan moreteado. Y ahora en Concreto Azul -por que el taller de La Sebastiana nunca- soy un sujeto crítico, aunque equivocado muchas veces.

En la misma línea, en BAJ Valparaíso, participaste de la 1ra versión del Laboratorio de Escritura Territorial (LET) 2018, a cargo de Cristóbal Gaete. ¿Cómo fue ese proceso y cómo marca el desarrollo de tu trabajo en la Literatura?

– Ya conocía a Cristóbal de un taller que dio el 2014, de microcuento. Ya con eso, el boxeo fue más duro aquí. Cristóbal es bien aguja en encontrar las cosas que fallan en los textos, y en las actitudes de los que participábamos en el taller -una vez retó bien retados a todos por los constantes atrasos, no vi eso porque llegué atrasado ese día-, pero a la vez forma en torno a una ética hacia la literatura que clarifica de que hay que tomarse enserio la cosa, de que hay que trabajar, no hay inspiración, tampoco caminos ya trazados, los textos, la escritura, va guiando. De ahí, y por el fundamento del taller que era un entendimiento territorial de la literatura, que al fin pude escribir algo decente, publicable.  Dato aparte fue el grupo de tallerista, de lo que persiste, en un rayado en el Canario el «Territorialistas for Gaete», que Martina Retamal, ya avanzadas las chelas, escribió doblando las letras. Grande Martina.

En tu libro haces un repaso por sectores viñamarinos casi no explorados desde la narrativa. ¿Cómo fue ese ejercicio de «retratar» el territorio que habitas/recorres?

– Ya finalizado el LET me puse a experimentar con lugares de mi propia ciudad -en el LET todo debía ser de Valpo, y aunque me moleste, y me vista distinto, yo soy de Viña-, y de ahí salieron varios acercamientos a lugares poco, o nada retratados en la literatura. Por ejemplo, hacer de uno de estos cuentos -o prosa experimental- sobre la Feria Parque Caupolicán, que está en el límite de Achupallas y Gómez Carreño, es, después vi, al leer «Viñamarinos» de Catalina Porzio, un gesto de retratar lugares negados históricamente acá. Y el resto de los textos, que aunque en estricto rigor suceden abajo en Viña -vivo en Viña, pero arriba, abajo es Viña, arriba es otra cosa-, en el mall de 15 Norte, en todo el plano de la Población Vergara y en Avenida Libertad, es el tipo de personaje que situé en ellos -pobladores, o vecinos, para robarme el apelativo periodístico que discrimina, de Glorias Navales- y que hace uso y sufre en esos espacios.

«Glorias Navales» es tu primer libro, pero ya preparas el lanzamiento de tu segunda publicación, ¿Cuál es este trabajo y de qué trata?

– Ja. Es un novela que se titula «Carcasa», trata sobre jóvenes trabajadores del mall de Viña, todos habitantes de cerros y periferias de la ciudad, enfrentados a ese gran cementerio con forma de barco que se llama mall Marina Arauco, que tanto susto tiene estos días con que lo vuelvan a saquear, y aunque en la novela no escribí algo tan real como las cosas que han sucedido ahí, sí dibuje el ambiente de opresión con olor a papas fritas y limpiador de piso. De todas maneras quedé sorprendido, no pensé que el estallido tocaría ese edificio, sentí una extraña felicidad, imaginando que lo que escribí sería un documento añejo, porque todo se acabaría, pero, estamos a un paso de que se prohíba gritar en la calle.  «Carcasa», saldrá cuando salga.

Por último, ¿qué opinas sobre la habilitación de espacios gratuitos para la escritura joven en BAJValpo?

– Tener la posibilidad de utilizar un espacio, semana a semana, en donde uno se dedique a lo que le gusta, le interesa, o le apasiona, es de un valor terrible grande. Además que uno conoce iguales que se interesan, en distintos niveles, en lo que a uno. En BAJ Valpo está la posibilidad de compartir con escritores locales, que antes solo veías en pasillos o al otro lado de la calle, y aquí todos conversando. Además que se me hace un espacio bien cómodo, además que gratuito, para formarse y estar.

El lanzamiento se llevará a cabo el miércoles 11 de diciembre, a las 18.30 horas, en nuestra sede ubicada en Santa Isabel 739, Cerro Alegre. Entrada liberada.

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